«Sabe hacerlo, pero no lo hace»: las funciones ejecutivas explicadas para familias

Sabe hacerlo, pero no lo hace: funciones ejecutivas

«Sabe hacerlo, pero no lo hace». «Se le olvida todo». «Si no estoy encima, no arranca». Son frases que escuchamos con mucha frecuencia de madres, padres y docentes. Muchas veces no se trata de falta de ganas ni de inteligencia: lo que está en juego son las funciones ejecutivas.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Son un conjunto de habilidades que nos permiten organizarnos, recordar lo que estamos haciendo, frenar un impulso y cambiar de plan cuando algo no sale como esperábamos. Funcionan como el «director de orquesta» de nuestras acciones cuando hacemos algo que no es automático.

Las principales son:

  • Control inhibitorio: frenar, esperar, pensar antes de actuar.
  • Memoria de trabajo: mantener información en mente mientras se usa, como recordar los pasos de una instrucción.
  • Flexibilidad cognitiva: cambiar de actividad, de regla o de plan.

Sobre estas se construyen otras como la planificación, la organización y la gestión del tiempo.

Se desarrollan con los años

Estas habilidades dependen en gran parte de la corteza prefrontal, una zona del cerebro que sigue madurando durante la adolescencia. Por eso no podemos esperar que un niño de ocho años se organice como un adulto. Durante muchos años, los adultos funcionamos como sus funciones ejecutivas «prestadas»: le recordamos, le anticipamos, le ayudamos a frenar. El objetivo es ir devolviéndole esas habilidades poco a poco.

Tres estrategias para la casa

1. Divide la tarea en pasos cortos

«Ordena tu cuarto» puede ser abrumador. «Primero los juguetes en la caja, después la ropa en el canasto» es mucho más claro. Una tarea grande se vuelve posible cuando se parte en pedazos.

2. Usa apoyos visuales para recordar

Una lista con dibujos en la puerta del cuarto (baño, uniforme, desayuno, dientes, mochila) evita repetir lo mismo cada mañana y le da autonomía al niño. Lo que se ve, se recuerda mejor.

3. Anticipa los cambios

«En cinco minutos apagamos la tele» o «mañana no hay clases de música» ayuda a que el niño se prepare y reduce las reacciones intensas ante lo inesperado.

Acompañar no es hacer por él

La clave está en enseñar el cómo: primero lo hacemos juntos, después lo hace con apoyo y, poco a poco, lo hace solo. Si algo se cae, volvemos un paso atrás sin drama.

Si las dificultades se mantienen durante meses, a pesar de los apoyos, o afectan mucho su vida escolar y familiar, una valoración psicopedagógica puede ayudar a entender mejor qué está pasando.

Para profundizar, te invitamos a conocer nuestra guía Funciones ejecutivas para familias y docentes, con 22 fichas de actividades. Y si quieres conversar sobre tu caso, escríbenos.

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